La Voz del Observatorio
Un sector que mira hacia adelante: tres tendencias que marcarán 2026
Cuando se consulta directamente a quienes sostienen cada día los servicios funerarios, lo que aparece no es un sector inmóvil, sino un ámbito estable, consciente de su transformación y cada vez más atento a lo que las familias necesitan de verdad.
Mª Dolores Asensi
Presidenta del Observatorio de los Servicios Funerarios
Hay sectores cuya evolución puede leerse con cierta facilidad desde fuera, atendiendo a sus cifras, su actividad o sus indicadores. Pero hay otros que solo se comprenden de verdad cuando se escucha a quienes los sostienen cada día, a quienes conocen de primera mano aquello que las estadísticas, por sí solas, no alcanzan a explicar.
Los servicios funerarios pertenecen claramente a este segundo grupo.
Por eso tiene especial valor el estudio de balance 2025 y expectativas 2026, impulsado por el Observatorio de los Servicios Funerarios y elaborado por Sigma Dos a partir de las respuestas de empresas funerarias y de cementerios, proveedores y otros profesionales vinculados a este ámbito. No ofrece una mirada abstracta ni externa, sino una lectura desde dentro: desde quienes conocen el servicio no como teoría, sino como oficio, responsabilidad y presencia cotidiana.
Conviene detenerse también en quiénes han respondido. La muestra está integrada en un 79,1 % por empresas funerarias, con una presencia relevante de crematorios y cementerios (7,5 %), empresas proveedoras (4,5 %) y compañías de seguros (3 %). Además, cerca de dos tercios de las empresas funerarias participantes se definen como familiares, una característica que sigue siendo estructural en España y que ayuda a comprender mejor la propia configuración del sector.
Y lo que revela esta consulta merece ser leído con atención.
El punto de partida es claro: 2025 se ha percibido como un ejercicio de estabilidad, con una evolución moderadamente positiva de la actividad. La mayoría de los profesionales considera que la situación se ha mantenido estable, mientras que aproximadamente un tercio la califica como favorable.
Ahora bien, lo más relevante no está solo en esa estabilidad, sino en lo que empieza a dibujarse sobre ella.
Porque el sector funerario no aparece aquí como detenido, sino como un sector que evoluciona. No en ruptura con su esencia, sino en la manera de concretarla y de responder mejor a unas familias, una sociedad y unas sensibilidades que cambian.
Y ese matiz importa.
No estamos ante una transformación que vacía de sentido el servicio funerario, sino todo lo contrario: estamos ante una evolución que exige prestar ese mismo servicio esencial con mayor capacidad de escucha, de adaptación y de respuesta.
Tres tendencias que apuntan a una transformación de fondo
El estudio también permite identificar tres grandes vectores que marcarán 2026 y que, considerados en conjunto, hablan de algo más profundo que una simple suma de cambios operativos.
El primero es la cremación, que sigue ganando peso. Una amplia mayoría de los participantes considera que este tipo de servicio continuará aumentando en los próximos años, reforzando así una tendencia ya visible en numerosos territorios.
El segundo es la personalización de las despedidas. La demanda de ceremonias adaptadas a las preferencias, valores y circunstancias de las familias aparece de manera consistente como uno de los principales ejes de transformación. Además, sabemos que más del 80 % de la población percibe los velatorios como demasiado formales e impersonales, y ese dato no debe leerse como una simple preferencia estética. Expresa algo más de fondo: el deseo de que la despedida se parezca más a la vida de quien se ha ido y a la manera en que sus seres queridos desean recordarle.
El tercero es la modernización tecnológica. La digitalización de procesos, la incorporación de herramientas operativas y el desarrollo de servicios digitales, como las retransmisiones en streaming o los memoriales online, forman parte de una evolución que el propio sector identifica como prioritaria.
Hasta aquí podrían verse como tres líneas de cambio, pero no es cierto, no estamos ante tres fenómenos separados: estamos ante tres expresiones de una misma transformación.
Porque la cremación no solo modifica una preferencia de disposición final. La personalización no solo amplía opciones. Y la digitalización no solo introduce nuevas herramientas.
Lo que todas ellas están señalando, en realidad, es el paso de un modelo centrado en la resolución logística del servicio, en la corrección, a otro en el que ganan peso, con más claridad, la experiencia de despedida, la memoria, el homenaje y el acompañamiento.
No se trata de sustituir una dimensión por otra.
Se trata de comprender que hoy las familias no solo esperan que el servicio se preste correctamente. Esperan también que responda mejor a su manera de vivir la pérdida, de recordar y de despedir.
Un cambio de énfasis, no de naturaleza
A mi juicio, esta es una de las claves más relevantes del estudio.
A veces, cuando se habla de transformación parece que todo deba interpretarse en términos de ruptura, como si el sector estuviera abandonando su identidad o desplazándose hacia una lógica ajena a su razón de ser. Y no es eso lo que aquí aparece.
Lo que el estudio dibuja no es un cambio de naturaleza, sino un cambio de énfasis.
La base del servicio permanece. Permanece su esencialidad. Permanece su responsabilidad social. Lo que se recuerda o enfatiza es su función de cuidado, de honra y de acompañamiento. Lo que se amplía es la forma en que ese servicio se concreta ante una sociedad más diversa, más consciente de sus preferencias y más exigente en la manera de vivir los momentos significativos.
Dicho de otro modo: a los servicios funerarios se les pide hoy, además, que sea capaz de escuchar mejor, adaptarse más y ofrecer respuestas más coherentes con las expectativas reales de las familias.
La estabilidad no frena el cambio: lo hace posible
Hay otro elemento del estudio que merece subrayarse: la estabilidad. Para casi la mitad de las organizaciones, la demanda en 2025 ha sido similar a la del año anterior, mientras que una proporción significativa indica que ha sido superior.
Este dato tiene un valor que va más allá de lo coyuntural.
En un contexto económico incierto para muchos ámbitos, la relativa previsibilidad asociada al carácter esencial de los servicios funerarios ofrece una base singular: permite abordar procesos de adaptación y mejora sin la presión de una volatilidad extrema. Es decir, la estabilidad no actúa aquí como freno del cambio. Actúa como punto de apoyo.
Y eso es una fortaleza.
Porque solo un sector con una cierta solidez estructural puede plantearse con serenidad debates sobre modernización, personalización, nuevos formatos o evolución de la demanda sin perder de vista su misión principal.
Escuchar al sector para entender hacia dónde va
Una de las aportaciones más valiosas de este trabajo reside precisamente en su origen. No hablamos de hipótesis construidas desde fuera, sino de la percepción directa de quienes prestan estos servicios cada día. Y esa escucha permite identificar tendencias con una precisión difícil de obtener desde aproximaciones más distantes.
Los propios participantes señalan, además, la utilidad de este tipo de análisis que realizamos desde el Observatorio, junto con los encuentros anuales y las mesas de trabajo, como herramientas relevantes para comprender la evolución del ámbito funerario.
Y creo que esa función debe ponerse en valor.
Porque analizar el año con información de esta naturaleza no es solo un ejercicio de diagnóstico. Es también una forma de ordenar la conversación pública, de evitar simplificaciones y de ofrecer una base compartida desde la que pensar con mayor rigor qué está cambiando, qué permanece y qué desafíos deben afrontarse.
Lo que viene exige criterio
En ocasiones se mira al sector funerario como si su futuro dependiera únicamente de factores externos: de la regulación, de la coyuntura económica o de los cambios sociales. Y, por supuesto, todo eso influye.
Pero este estudio deja ver otra realidad: que el propio sector tiene una conciencia cada vez más clara de hacia dónde debe evolucionar.
Eso es, probablemente, una de las mejores noticias que deja esta consulta.
Porque un sector que sabe leerse a sí mismo con honestidad, que identifica sus aspectos de mejora, sus tendencias y que reconoce las nuevas expectativas de las familias, es un sector mejor preparado para sostener su legitimidad social y su valor futuro.
La pregunta, por tanto, no es solo qué va a cambiar.
La pregunta es si seremos capaces de interpretar bien ese cambio.
Y aquí conviene ser claros: evolucionar no puede equivaler a vaciar de sentido el servicio. Modernizar no puede significar deshumanizar. Adaptarse no puede traducirse en banalizar.
La transformación será valiosa si sirve para reforzar lo esencial, no para desplazarlo.
Conclusión: mirar hacia adelante sin perder el centro
Si algo muestra este estudio es que los servicios funerarios miran hacia 2026 con una combinación de estabilidad y conciencia de cambio. Y esa combinación, lejos de ser contradictoria, resulta profundamente reveladora.
Porque indica que estamos ante un sector que no se desentiende de la sociedad a la que sirve.
Un sector que percibe con claridad el avance de la cremación, la demanda creciente de personalización y la necesidad de modernización tecnológica, pero que, al mismo tiempo, sigue teniendo en el centro algo mucho más importante: la obligación de cuidar bien, de honrar con dignidad y de acompañar a las familias en uno de los momentos más significativos de sus vidas.
Ese debe seguir siendo nuestro punto de referencia.
No la novedad por la novedad, no la transformación como eslogan, sino la capacidad de responder mejor, sin perder el sentido.
Porque, al final, lo que este estudio pone sobre la mesa no es solo un conjunto de expectativas sectoriales. Muestra algo más de fondo: que los servicios funerarios del mañana no se definirán únicamente por lo que incorporen, sino por cómo sean capaces de seguir siendo, al mismo tiempo, esenciales, cercanos y profundamente humanos.
