Este verano, gracias a los que continúan cuidando

Julio y agosto marcan un paréntesis colectivo, un tiempo para el descanso, la familia, el reencuentro con quienes queremos.

Y está bien que así sea. El descanso también es una forma de cuidado.

Pero hay profesiones y servicios que no paran en agosto

Mª Dolores Asensi

Presidenta del Observatorio de los Servicios Funerarios

Agosto vacía las ciudades. Bajan las persianas, se cierran las oficinas, las calles se quedan tan silenciosas que hasta sorprende cruzarlas. En español decimos “irnos de vacaciones” sin pensar demasiado en el origen de la palabra: procede del latín vacatio, derivado de vacare: quedar vacío, quedar libre. Vaciarnos de obligaciones, aunque solo sea por unas semanas.

Es una tradición que forma parte de nuestra identidad, tanto como españoles como en el mundo del trabajo y de la empresa: julio y agosto marcan un paréntesis colectivo, un tiempo para el descanso, la familia, el reencuentro con quienes queremos. 

Y está bien que así sea. El descanso también es una forma de cuidado.

Pero hay profesiones y servicios que no paran en agosto.

Los hospitales no cierran en agosto.

Las residencias no cierran en agosto.

Y las funerarias tampoco cierran en agosto.

Este verano, además, vemos otra vez, con especial claridad, a otros que tampoco descansan: los bomberos, la Unidad Militar de Emergencias, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y los equipos de rescate. En plena ola de incendios, han estado y siguen estando en primera línea, protegiendo vidas, evacuando a personas mayores y en situación de dependencia y acompañando a quienes lo han perdido casi todo.

Su trabajo, como el de tantos profesionales del cuidado, no entiende de vacaciones ni de calendario. Desde el Observatorio, nuestro reconocimiento y nuestro cariño para todos ellos.

Porque el cuidado y la despedida tampoco entienden de calendario laboral. Una familia que pierde a alguien en agosto necesita la misma cercanía, la misma dignidad, la misma atención que una familia en pleno mes de febrero. El dolor no coge vacaciones, y quienes lo acompañan, tampoco.

Hace poco, en el primer número del Magacín CyA, y hablando de la España vaciada, reflexionábamos sobre esos pueblos donde cierran la escuela, el banco, el centro de salud, y donde solo la funeraria sigue ahí, sosteniendo un vínculo con la comunidad cuando casi todo lo demás se ha ido.

En agosto ocurre algo parecido, aunque a otra escala y por otro motivo: cuando el ritmo habitual del país se detiene, el ecosistema de los cuidados (hospitales, residencias, servicios funerarios y también quienes trabajan en la emergencia y el rescate) permanece.

Sigue ahí.

Sigue sosteniendo.

Por eso, desde el Observatorio, queremos aprovechar la ocasión estival para reconocer esa presencia constante.

Y ese reconocimiento también nos recuerda nuestra propia responsabilidad: seguir disponibles.

Por eso, el Observatorio tampoco cierra.

Muchos de vosotros, a lo largo de este tiempo compartido, ya tenéis mi número. Sabéis que podéis escribirnos, llamarnos y contarnos lo que necesitéis, en agosto igual que en cualquier otro mes del año.

No es una fórmula de cortesía. Es, sencillamente, cómo entendemos el Observatorio: una casa común, abierta todo el año, para todos los que forman parte del ecosistema de los cuidados.

Feliz descanso a quienes puedan tomarlo.

Y gracias, de corazón, a quienes este verano seguís, como cada día, sosteniendo lo esencial.