En la antigua Roma, borrar la memoria de una persona era el mayor castigo, conocido como damnatio memoriae. Este acto no solo eliminaba a un individuo del registro histórico, sino que dañaba tanto a las familias como a la comunidad, negándoles el derecho de recordar, de honrar y de mantener viva la conexión con quienes formaron parte de su historia.

Hoy, aunque vivimos en un mundo muy diferente, la necesidad de memoria, de homenaje, sigue siendo igual de esencial. Que nadie nos haga creer lo contrario. Es ahí donde radica el valor único de nuestra labor, y lo mejor: las familias nos lo han recordado y han avalado nuestra misión. Como muestra el reciente estudio de Sigma Dos, las familias no buscan solo despedirse de sus seres queridos: quieren rendirles homenaje. Lo que realmente desean es convertir la memoria en un acto vivo, en una celebración de la vida y el legado de quienes nos dejan.

Porque el homenaje no es otra cosa que la memoria hecha presente. Es el espacio donde la vida se celebra, donde se reconoce lo que fuimos y cómo seguimos viviendo en el recuerdo de los demás. Pero también es mucho más: es el lazo que une a las familias, a los allegados y a la comunidad, fortaleciendo los vínculos que nos definen como sociedad. Y nosotros, como sector, somos los responsables de garantizar que esa memoria sea preservada y honrada con respeto y dedicación.

En los últimos tiempos, algunas voces intentan reducir nuestro trabajo a una función técnica, como la gestión de residuos. Nada está más lejos de la realidad. Nosotros lo sabemos, y las familias nos lo han dicho con claridad: nuestra misión va mucho más allá. No solo buscan homenajes cargados de humanidad, sino que quieren que sigamos escuchándolas, que personalicemos cada detalle y que estemos a la altura de lo que necesitan en esos momentos tan significativos.

La capacidad de escuchar a las familias y de personalizar nuestros servicios no solo fortalece nuestra misión, sino que impulsa el liderazgo del sector, asegurando que sea sinónimo de humanidad y excelencia. Y recordemos: en esto, el tamaño de la empresa no importa; lo que importa es cómo acompañamos a las familias.

Por ello, si hacemos bien lo que siempre hemos sabido hacer bien, auguro un futuro donde nuestra labor será cada vez más valorada. Sigamos escuchando a las familias, personalizando cada servicio y demostrando que entendemos lo que necesitan.

Gracias a quienes me habéis abierto las puertas de vuestras casas o transmitido, en conversaciones, el valor de lo que hacemos. Porque somos los guardianes de la memoria, acompañando a las familias en los momentos más significativos. Nuestro trabajo no solo importa: trasciende.

Por si quieres conocer más sobre la damnatio memoriae y su impacto en el Imperio Romano, te invito a leer este interesante artículo de ABC Historia, que, por cierto, menciona que no fueron los romanos los primeros ni los últimos en atentar contra la memoria. Civilizaciones como los asirios, los hititas, los babilonios, los persas y los egipcios ya aplicaron penas similares.

María Dolores Asensi
Presidenta del Observatorio de los Servicios Funerarios