
Lo que el Ateneo dejó abierto
El V Encuentro terminó el 23 de septiembre. El trabajo que abrió ha continuado desde entonces.
Mª Dolores Asensi
Presidenta del Observatorio de los Servicios Funerarios
En estas semanas hemos vuelto sobre las conversaciones del Ateneo, los datos presentados y las preguntas que compartimos. Al preparar los siguientes pasos del Observatorio, esas aportaciones nos ayudan a reconocer qué debemos seguir investigando, qué merece una conversación más amplia y qué podemos convertir en herramientas útiles para las empresas.
Al abrir el Encuentro os hablaba de aprender y también de aprehender: de hacer nuestro aquello que escuchamos, comprenderlo y llevarlo a nuestra manera de trabajar. Esa idea cobra sentido después, cuando volvemos a nuestras responsabilidades y decidimos qué hacer con lo aprendido.
Una persona me pidió el vídeo de una de las mesas para compartirlo con su equipo y aprender juntos. Me encantó. Una conversación del Ateneo encontraba así continuidad dentro de una empresa: otras personas podrían escucharla, discutirla y relacionarla con su trabajo cotidiano. Eso es, precisamente, lo que queremos que ocurra con el conocimiento que compartimos.
Porque un Encuentro que se cierra con el último aplauso es un acto. Uno que deja preguntas abiertas es el principio de un trabajo.
Entre lo que me llevo hay una convicción: tenemos mucho que aprender de otros sectores y también mucho que aportarles.
Las personas no viven por sectores. Aunque nuestras responsabilidades sean diferentes, quienes trabajamos en ámbitos distintos compartimos preguntas sobre cómo escuchar, cómo informar, cómo generar confianza y cómo respetar las decisiones de cada persona. Conocer cómo responden otros profesionales a esas preguntas puede ayudarnos a mejorar nuestras propias respuestas.
Y también nosotros tenemos una experiencia valiosa que compartir. Las empresas funerarias saben lo que significa estar disponibles a cualquier hora, coordinar equipos, ofrecer una atención personalizada y responder en situaciones exigentes. Son conocimientos y prácticas que pueden resultar útiles en otros ámbitos.
«Cuidar y acompañar» nos ofrece un espacio para ese aprendizaje mutuo. Quiero que el Observatorio siga abriendo esas conversaciones.
También me llevo una idea sobre las familias: conocerlas exige seguir preguntándoles. Qué valoran, qué esperan, qué desean conservar y qué les gustaría cambiar. Sus respuestas deben ayudarnos a revisar nuestras prioridades y nuestra manera de prestar los servicios.
El III Estudio de Sigma Dos nos permite escuchar esas respuestas con datos. El Informe de Impacto Social y Económico nos ayuda a comprender y explicar la aportación de los servicios funerarios a la actividad económica y al empleo. Ambas sesiones estuvieron entre las mejor valoradas por quienes respondieron a la encuesta del Encuentro.
Me parece una señal que debemos escuchar. Los profesionales quieren conocer mejor las expectativas de las familias y disponer de datos que permitan contrastar lo que observan por experiencia. Quieren utilizar ese conocimiento en sus equipos, en sus decisiones y en sus conversaciones con un ayuntamiento, con un periodista o con una familia que desea comprender qué incluye un servicio y cómo se determina su coste.
Porque detrás de cada servicio funerario hay preparación, conocimiento, responsabilidad y humanidad. Hay profesionales disponibles a cualquier hora, coordinación, trámites, traslados, instalaciones y cumplimiento de requisitos sanitarios. Hay capacidad de respuesta en territorios con realidades muy diferentes. Todo ello permite que cada familia pueda honrar y recordar a los suyos como desea.
Explicar ese valor con datos y con claridad forma parte de nuestra razón de ser.
He aprendido también del propio Encuentro. De las aportaciones de ponentes y moderadores, de las preguntas de los asistentes y de las sugerencias posteriores. Nos pedís conversaciones ágiles, más espacio para intervenir y conocimiento que pueda utilizarse en el trabajo cotidiano. Debemos tenerlo presente en los siguientes pasos, y así lo haremos.
Esa continuidad ya tiene espacios concretos. Hemos actualizado nuestra web y retomamos La Voz y la newsletter para compartir las conversaciones del Encuentro, acercaros los estudios y dar seguimiento a las cuestiones que nos habéis planteado. También iremos incorporando herramientas que os anunciaremos a medida que estén disponibles, para que podáis conocerlas y aprovecharlas en vuestro trabajo.
El Encuentro nos ha ayudado a ordenar prioridades. Escuchar a las familias, explicar la aportación de los servicios funerarios, aprender de otros ámbitos y desarrollar herramientas útiles son líneas que adquieren mayor sentido cuando las contrastamos con quienes prestan estos servicios cada día. Y quiero que sigamos contando con vosotros para hacerlo.
Quiero dar las gracias a los ponentes y moderadores, a quienes vinisteis desde tantos puntos de España, a los miembros y patrocinadores y al equipo que hizo posible estas dos jornadas, también desde el trabajo que no se ve.
Y a quienes todavía no formáis parte de esta familia que es el OSF, os invitamos a conocernos. Queremos ayudaros a sostener y desarrollar vuestras empresas, comprender los cambios que os afectan y disponer de conocimiento y herramientas para tomar decisiones. Acompañaros en la responsabilidad de seguir ofreciendo a las familias el mejor servicio posible.
En la apertura os dijimos que esperábamos seros útiles. Esa sigue siendo la medida de nuestro trabajo: qué ayudamos a comprender, qué herramientas aportamos y qué mejoras podemos impulsar.
El Encuentro es nuestra gran cita del año, pero el Observatorio va mucho más allá de esas dos jornadas. Es un espacio de diálogo en el que los servicios funerarios escuchan a la sociedad y la sociedad conoce y comprende mejor el valor de su trabajo. Un espacio también en el que las empresas funerarias analizan los cambios, comparten experiencias, reflexionan sobre los retos que afrontan y trabajan juntas para mejorar los servicios que prestan a las familias.
Conocer para comprender. Comprender para mejorar.
